—¿Qué sientes, Vera? —murmuró, su voz grave resonando en mis entrañas.
Intenté tragar, pero mi garganta estaba seca. El azul de sus ojos se había tornado más profundo. Como un océano oscuro en el que estaba cayendo.
—¿Te gusto? —preguntó sin darme espacio a procesar lo que realmente estaba pasando.
Hice un pequeño movimiento con mi cabeza. Ya no podía mentirle.
—Sí —musité, apenas audible.
Sonrió. Sonrió grande, una sonrisa preciosa mostrando sus dientes perfectos. Mi cuerpo temblaba.
Su