Han pasado varios días desde aquel molesto encuentro con esa mujer, y la tensión sigue en mi pecho. Intento mantenerme ocupada, moverme por la casa, repasar listas de pendientes para la galería, revisar bocetos de montaje. La exposición de Emiliano se acerca y, por suerte, no ha exigido cambios ni reuniones extra. Eso me da un respiro, aunque no lo suficiente.
Lo que realmente me agota son los niños. Paso de un cuarto a otro con Helena en brazos, mientras escucho por el monitor los sonidos del c