Maldije por milésima vez en mi mente, mis dientes apretados y la mirada perdida más allá del ventanal del avión. El cielo estaba claro, pero mi cabeza era una tormenta.
Volvíamos a casa. A la mansión. Con solo cinco días de luna de miel encima, y diez más que nos esperaban. Pero no. Tenía que pasar. Tenían que ser ellos. ¿Quién más lo haría? Solo ellos tienen la desfachatez de llegar tan lejos, incluso después de todo lo que me hicieron. Son capaces de negar por completo lo evidente: que lo úni