—Me pegaba cada vez más, por el motivo que fuera, siempre en las piernas, el estómago o la espalda. Nunca me golpeó donde la gente pudiera ver las marcas… Nunca fue por una rabieta o un momento de descontrol, mi padre, él… él sabía lo que estaba haciendo.
Sentí mi estómago revolverse, preguntándome cómo fui incapaz de no darme cuenta de que algo tan malo le estaba sucediendo a alguien cercano.
—Pero aprendí a escaparme —continuó John, apretando el vaso aún más en sus manos—. Durante la semana s