Luego sonrió, complacido de verme cediendo, y se bajó para acostarse a mi lado, pero también acercó mi cabeza a su pecho para que pudiéramos seguir muy cerca el uno del otro.
—Pero hay algo que me pone triste ahora —confesé, tocando su abdomen—. Y es porque perdiste mucho peso.
Ares me apretó más contra su cuerpo, forzando mi piel desnuda contra la suya de una manera tan íntima y cariñosa.
—Gasté mucha energía con tantos viajes y tanto trabajo. Es natural perder algo de peso, cariño.
—¿Eso fue