—Solo un poquito más. —Le dije, abrazándolo con picardía mientras caminaba de espaldas hacia la puerta cerrada del dormitorio, llevándola. —Un beso más y juro que te dejaré ir.
Ares se rió de nuevo, y traté de besar su boca cuando su cuerpo finalmente encontró la puerta, pero no la dejó ir más allá de un beso, con sus manos sosteniéndome firmemente alrededor de la cintura.
—Nunca será un beso más, cariño. Lo sabes.
Solté un bufido, irritada y un poco infantil, pero sabía que no debía insistir.