Entonces expulsé el aire una y otra vez, tan rápido que el oxígeno ni siquiera realizaba su función en mi cuerpo. Mis ojos estaban ardiendo, así como mi garganta y mi corazón parecían arder.
—Mamá, perdóname, por favor —Le pedí, apretando mis manos contra mi rostro, desesperada por la certeza de que me condenaría. —¡Yo no quería sentir esto, lo siento, lo siento!
Escuché a alguien jadear profundamente y estoy segura de que fue ella, porque poco después sentí sus brazos delgados apretando mis ho