—Lamento hablar de estas cosas ahora. —dijo Ares, luciendo arrepentido, sin dejar que nuestro abrazo se rompiera. —No quería arruinarte el día.
—Dijiste que no hablaste esas cosas por el alcohol, pero yo sé que lo fue. —Contrapuse, acariciándolo sobre las costillas, a través de su abrigo grueso. —Has estado bebiendo y eres un dolor en el trasero, no tienes que disculparte…
—Te dije que no tenía resistencia al alcohol. —Recordó, todavía acariciando mi cabeza, y escuché su débil suspiro antes de