Antes de que me apartara y volviera a la posición anterior, Ares me abrazó por la cintura, sosteniendo mi cuerpo sobre el suyo.
Lo miré un poco sorprendida, pero sin reprobar su gesto.
—¿Qué pasa? —pregunté tranquilamente, mirándolo con atención, cuando me di cuenta de que su rostro había perdido el buen humor, poco a poco.
—No quiero perderte, Maya.
—Pero no me vas a perder —dije, riéndome un poco porque esa preocupación era infundada.
—No dejo de preguntarme cuánto seguirás aguantando —explic