—Necesitan controlarse. —dijo Ares, un poco avergonzado, pero sin perder la pose mandona. —Esto no es nada grande.
—¡Claro que sí! —Gritó Corny, aplaudiendo después de alejarse de nuestro abrazo, pero yo seguí abrazando a Ares y saltando emocionada, sin dejar de sonreír. —¡Deberíamos salir para celebrar! Oh, Dios mío, deberíamos ir a Paradise Lost, Maya va a amarlo.
—¿Qué es eso? —Pregunté, finalmente dejando de saltar porque estaba un poco confundida.
—¡Una discoteca fetichista, o sea, un luga