Él se tomó un tiempo para entender de qué estaba hablando, y luego puso su ropa limpia sobre la cama, al lado de su pequeña maleta.
—¿No te gusta? —Cuestionó, acercándose a mí hasta que inclinó su cuerpo sobre el mío, sus manos extendidas a cada lado de mi cadera.
Negué, porque ese tatuaje fue, muy probablemente, su primer amor.
—Me gusta… me encanta este tatuaje. —Confesé, mirando directamente a sus ojos oscuros tan cerca de los míos y fui interrumpida por un momento cuando él me dio un beso s