Nataly me miró y sé que se estaba controlando para no preguntar, así que me apresuré a decir lo que sé, que quería averiguar.
—Ya no soy virgen, Nataly. —Anuncié, controlándome para no hablar tan alto. — Y quiero contarte todo, así que perdóname rápido, vamos. — Insistí sacudiéndola por el hombro como una mocosa haciendo berrinche.
Apretó los labios y la mandíbula con fuerza antes de mirarme de reojo con la curiosidad escapando de sus poros.
—Fue la mejor cosa que he hecho en mi vida y ni siqui