Don Darío lo intentó de nuevo, con más paciencia — A ver, campeón… solo un poquito más —
Farid, sin quedarse atrás, sacó otra cucharita, imitó el sonido de un avión y se la acercó para que coma — Zum, aquí viene —
Korina los miraba con una mezcla de diversión y ternura. Entre ambos, por primera vez no había tensión de trabajo ni de jerarquías, sino algo casi familiar, como si Lían los hubiera puesto en igualdad de condiciones.
Finalmente, el bebé abrió la boca y aceptó la papilla de la cuchar