— Parece un espectáculo normal… — Susurró Farid, sorprendido al ver que en las mesas solo había parejas riendo, brindando, algunos con trajes llamativos y otros de lo más casuales.
Don Darío, con el ceño fruncido, no se relajó. Sus ojos oscuros recorrían cada rincón, como un halcón midiendo la distancia de sus presas — Lo que parece sano, a veces es fachada… — Respondió con voz baja, sin apartar la mirada del escenario.
Farid lo notó también.
— Ahí están. ¿Ve cómo no le quitan la mirada de enci