Don Darío, con su mirada fija en Korina, asintió y le agradeció al médico antes de que este se retirara. Ahora, en la habitación solo quedaban ellos dos: Korina, con el bebé en brazos, y Don Darío, que se acercó lentamente a ella, como si la distancia que mantenían desde siempre ahora fuera más pequeña.
— No te preocupes demasiado — Dijo Don Darío con tono más suave, acercándose más. Su mirada era dura, pero algo en sus palabras denotaba un toque de consuelo no solicitado — Sé que estás preocupada, pero todo saldrá bien —
Korina lo miró de reojo, pero no dijo nada. Sabía que no podía confiar completamente en él, pero algo en su interior le decía que, de alguna manera, él estaba tratando de ser… diferente.
Después de un rato dio respuesta y agradecida por su intervención inmediata, al cuidar de su hijo — En realidad Lían es muy sano y estoy segura de que pronto estará bien —
— Eso es bueno, trata de no faltar a sus citas médicas —
— Ja, ja, ja, sí y me sorprende que sepas alzar a un be