Cuando giró, su mirada se encontró con Johan. Él estaba ahí, a unos pasos, con una sonrisa torcida y una sombra oscura en sus ojos que nada tenía que ver con el ambiente alegre del club.
— Te creías intocable, ¿Verdad? — Dijo con voz baja y áspera, avanzando hacia ella.
El corazón de Korina comenzó a golpearle en el pecho, más fuerte que el dolor en la cabeza. El instinto le gritaba que debía escapar, pero sus piernas parecían paralizadas.
El murmullo lejano del concurso y las risas del público contrastaban con el silencio helado que ahora llenaba el baño, donde solo ella y Johan existían.
— Deliciosa, hoy no te salvas y no hay quien te ayude, este tranquila y lo vas a disfrutar mucho —
Esté la presiono fuerte contra él y Korina se trató de zafar, en eso le dio otro golpe en la cabeza del cual la dejo bastante inestable.
La subió al mostrador y sacó un protector de su bolsa — Deliciosa, lo estoy deseando desde hace rato preciosa — Metió su mano y comenzó a bajar su blúmer, Korina