Cuando giró, su mirada se encontró con Johan. Él estaba ahí, a unos pasos, con una sonrisa torcida y una sombra oscura en sus ojos que nada tenía que ver con el ambiente alegre del club.
— Te creías intocable, ¿Verdad? — Dijo con voz baja y áspera, avanzando hacia ella.
El corazón de Korina comenzó a golpearle en el pecho, más fuerte que el dolor en la cabeza. El instinto le gritaba que debía escapar, pero sus piernas parecían paralizadas.
El murmullo lejano del concurso y las risas del públi