— Como comprenderás, una madre hace todo por sus hijos. Y mi hija… mi hija buscó trabajo apenas con dos meses de haber tenido a su bebé. Por la poca experiencia y estudios aceptó trabajar como dama de compañía. Suplicó por ese empleo y se lo dieron, no le fue regalado —
La voz de Maritza se quebró apenas un instante, pero retomó la fuerza — Después vino Don Darío, con su interés en ella… y ahora… ahora no sé si la quiso de verdad o si solo la confundió más —
— Él la ama… — Interrumpió Heisel, sollozando — La ama, y por eso… por eso todo este daño…—
Maritza la observó en silencio unos segundos. Su respiración era pesada, como si cargara años encima — Quizá, pero eso no justifica nada — Murmuró. Luego suspiró y bajó la mirada un momento, antes de volver a erguirse — Te haré una propuesta —
Heisel se secó las lágrimas con la manga — Te escucho —
— Yo iré a conversar con él — Dijo Maritza, con tono decidido — Pero a cambio, me prometes no revelar nuestra ubicación. Más allá de eso,