Entre los invitados, varias mujeres murmuraban, pero ahora lo hacían en voz baja, mirando de reojo la fuerza con que Darío la sostenía. Otros hombres, en cambio, no podían dejar de notar la firmeza de Korina al enfrentarse a la situación.
Fue entonces cuando uno de los socios veteranos, un hombre de cabello cano, se acercó directamente a Korina.
— Señora, debo reconocerle algo: Pocos tienen la valentía de hablar como usted habló hace un momento — La miró con respeto sincero — Eso es lo que diferencia a una verdadera esposa de un adorno —
Korina lo miró sorprendida, y antes de responder, Darío apretó suavemente su cintura, era claro que ella defenderá su posición ahora — Mi mujer tiene carácter — Dijo con una media sonrisa orgullosa — Y eso es justo lo que me enamora de ella —
Las risas y los brindis continuaron, y pronto la tensión se diluyó en un ambiente de celebración. El jardín, iluminado con cientos de luces y decorado con flores blancas, recobró su aire festivo.
Mientras los