Entre los invitados, varias mujeres murmuraban, pero ahora lo hacían en voz baja, mirando de reojo la fuerza con que Darío la sostenía. Otros hombres, en cambio, no podían dejar de notar la firmeza de Korina al enfrentarse a la situación.
Fue entonces cuando uno de los socios veteranos, un hombre de cabello cano, se acercó directamente a Korina.
— Señora, debo reconocerle algo: Pocos tienen la valentía de hablar como usted habló hace un momento — La miró con respeto sincero — Eso es lo que dif