Korina, que observaba la escena a lo lejos, sintió una mezcla de alivio y nervios. Miguel, antes de moverse, giró la cabeza hacia ella. Su mirada estaba cargada de veneno, una promesa muda de que aquello no quedaría ahí.
Marvin lo notó y se interpuso de inmediato, cortando ese cruce de miradas — Por aquí, señor —
Miguel, pesado y renuente, fue conducido hacia la salida. Su cuerpo ancho y torpe se movía con un aire de humillación, y aunque intentaba mantener la cabeza en alto, todos sabían que había perdido.
Al pasar cerca de algunos invitados, dejó un rastro de olor a sudor y vino que contrastaba con la elegancia del evento. Farid y Marvin no lo soltaron hasta asegurarse de que abandonara la mansión.
En el interior, Darío, aún con Lían en brazos, observaba desde lejos con una expresión satisfecha. Nadie notó el leve suspiro que soltó al ver cómo la sombra de Miguel desaparecía por las puertas principales.
— Un problema menos… — Murmuró.
Y Korina, al ver que Darío no había interve