Korina, que observaba la escena a lo lejos, sintió una mezcla de alivio y nervios. Miguel, antes de moverse, giró la cabeza hacia ella. Su mirada estaba cargada de veneno, una promesa muda de que aquello no quedaría ahí.
Marvin lo notó y se interpuso de inmediato, cortando ese cruce de miradas — Por aquí, señor —
Miguel, pesado y renuente, fue conducido hacia la salida. Su cuerpo ancho y torpe se movía con un aire de humillación, y aunque intentaba mantener la cabeza en alto, todos sabían que