Marvin se inclinó hacia ella, susurrando con orgullo — Lo lograste, Korina. Están viéndote como lo que eres: La señora del lugar —
Korina mantuvo la mirada fija en la pasarela, pero una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Sabía que Katty y Yerlin lo estaban sintiendo, que cada aplauso y cada flash era un golpe a su ego.
Y mientras todos se maravillaban con el desfile, Korina sabía que su plan había funcionado: Ese evento no era solo moda y negocios, era su declaración pública de poder, un poder que usaría si tocan a su hijo y familia.
El evento había concluido con aplausos, cámaras y la satisfacción de un éxito rotundo. Andrea estaba agradecida, Marvin no cabía de orgullo, y los empresarios se marchaban comentando el nivel de elegancia y organización.
Korina caminaba por los pasillos del casino, aún con la adrenalina corriendo en su interior, cuando sintió una mano firme en su cintura. Era Darío. La atrajo hacia él, observándola con esa mirada penetrante que no dejaba escapar det