Más tarde, en la mansión, Korina empujó suavemente la silla de ruedas de su madre hacia el jardín. El atardecer pintaba el cielo de tonos rojizos.
— Mamá… — Dijo con un suspiro.
Maritza la miró de reojo — Tienes esa cara de que algo te preocupa —
Korina se mordió el labio y finalmente habló — Hoy recibí una llamada de Antonio. Desde la cárcel —
Maritza se tensó. Sus manos se crisparon sobre los apoyabrazos — ¿Qué te dijo ese desgraciado? —
Korina desvió la mirada hacia las flores — Que cómo per