— Korina, no es lo que piensas — Murmuró desesperado, intentando contener la tormenta que se asomaba en su mirada.
Pero ya era tarde.
Don Darío, al escuchar el ruido, se levantó de golpe, intentando soltarse de Katty, corriendo hacia el ascensor. Sin embargo, este se cerró en sus narices, dejándolo con la camisa rota y la angustia estampada en su rostro.
Korina, al recuperar fuerzas, apartó de un empujón a Farid. El dolor le ardía en los ojos, la rabia le consumía el alma. Caminó con paso rápid