— Cierto —
[ Don Darío ]
— ¿Dónde está Korina? —
[ Tomó un tren al este y no nos dio tiempo de abordarlo, pero hemos tomado el siguiente]
— Trata de localizarla y me avisas —
[ Sí ]
La llamada terminó y, en un arrebato de furia, Don Darío arrojó con violencia todo lo que estaba sobre su escritorio. Los objetos cayeron con estrépito, resonando como un eco de su desesperación.
— Búscala, Farid —
— Sí. —
— Y escucha bien: Llama a todos. Cancelen toda negociación con Don Fernando, también con sus empresas. Quiero que ninguna de ellas vuelva a trabajar en un lugar decente. Que solo tengan cabida en clubes para caballeros… nada más —
Farid tragó saliva con fuerza. Aquella orden lo golpeó como un balde de agua fría. Era evidente que Don Darío había llegado a su límite y estaba dispuesto a destruirlo todo.
— ¿E… incluso a la señorita Heisel?. No la vi en la actividad. Es claro que no tiene nada que ver… —
— A todas —
El tono de Don Darío fue definitivo, sin margen de discusión. Fa