En el patio gris de la penitenciaría, Antonio esperaba turno para una llamada. Dos internos robustos, conocidos por encargarse de “Mensajes”, se le acercaron.
— ¿Vos sos Antonio, verdad? — Preguntó uno con una sonrisa torcida.
Antonio levantó la mirada, desconfiado — ¿Y si lo soy, qué? —
El otro hombre se inclinó, mirándolo con frialdad — Hay alguien afuera que no quiere que te olvidés… que fuiste vos quien dejó a esa mujer sola con un niño recién nacido. Que nunca fuiste hombre para ella — Le