— ¿Crees… que tiene relación con lo que pasó? — Preguntó ella, la voz temblorosa.
Darío la miró con una decisión fría, esa que lo transformaba de hombre herido en hombre que actúa.
— No lo sé aún. Pero si está aquí, entre tanto monte abandonado, puede que haya más pistas. Quizá algo que no encontraron entonces. Quizá… el arma — Sus palabras fueron cortas, directas, cada una medida como quien pronuncia un mandato.
Korina sintió un nudo en la garganta. No sabía si era el alivio de que al menos él no ocultara nada ahora, o el miedo al pasado que volvía a abrirse.
Darío se arrodilló para mirar a Lían a los ojos — Quédate con mamá, ¿Sí? — Dijo con voz suave — No se muevan mucho y no toquen nada más. Voy a hablar con Farid y con el equipo de seguridad. Esto no se queda así —
Korina asintió. Le devolvió la joya con manos un poco temblorosas — Tenla tú —Murmuró — Si es de tu madre, deberías tenerla —
Él negó con la cabeza, la sonrisa amarga intentando asomar y fallando — No. Ahora la cus