— No importa quién la recomendó — La interrumpió Don Darío, sin levantar la voz, pero con ese aire que no admitía discusión — No me interesa la inversión para este spa, ni con usted ni con su empresa. Busque otro lugar para su dinero —
Un silencio espeso llenó la sala. La mujer se recompuso lo mejor que pudo, recogió sus documentos y, con la incomodidad evidente, salió casi sin despedirse.
Korina lo observó, primero sorprendida, luego con el corazón latiéndole fuerte. No defendió la inversión,