Jaik:
De un momento a otro solo supe que, de pronto, volví a respirar.
El primer aliento fue brutal, como si el mundo me entrara a la fuerza en los pulmones. Caí al suelo del santuario destruido, tosiendo, con el cuerpo convulsionando mientras la realidad se recomponía a su alrededor. No hubo luz. No hubo voz. Solo el golpe seco de estar otra vez encarnado.
Había estado en la nada.
Un lugar sin tiempo, sin forma, sin arriba ni abajo. Allí no existía el dolor… ni el alivio. Solo una conciencia