Jaik:
De un momento a otro solo supe que, de pronto, volví a respirar.
El primer aliento fue brutal, como si el mundo me entrara a la fuerza en los pulmones. Caí al suelo del santuario destruido, tosiendo, con el cuerpo convulsionando mientras la realidad se recomponía a su alrededor. No hubo luz. No hubo voz. Solo el golpe seco de estar otra vez encarnado.
Había estado en la nada.
Un lugar sin tiempo, sin forma, sin arriba ni abajo. Allí no existía el dolor… ni el alivio. Solo una conciencia suspendida, sostenida por algo que se negaba a soltarlo.
El vínculo.
Fue eso lo que me trajo de regreso.
Rode sobre mi espalda y mire el techo derrumbado del santuario. Sus manos temblaban. Su pecho ardía, no como herida, sino como si algo latiera más profundo que su corazón.
—Liyeth… —susurró, sin saber si ella podía oírlo.
La marca respondió.
No con palabras, sino con una presión constante, firme, como una mano invisible anclándolo al mundo. Comprendió entonces que no había vuelto intacto.
H