Mundo ficciónIniciar sesiónEra domingo y lo que más deseaba en ese momento, siendo las nueve de la mañana, era seguir durmiendo hasta las once. Estaba rendida. Verónica se había despertado a las siete y me había pedido el desayuno. Me levanté y, después de servirle unos cereales con los ojos entrecerrados y el cuerpo entumecido por el cansancio acumulado de la semana, me volví a acostar, mientras ella comía su tazón me







