Ya en mi oficina, noté que Jordan entraba un poco más en confianza y aunque hubiera deseado no servirle alcohol, tuve que ceder por educación y llenar uno de los vasos del minibar del despacho con whiskey.
—¿Aún estás en la lista de los dueños de cadenas hoteleras que están solteros? —preguntó Jordan cuando le entregué el vaso en su mano.
—¿Existe una lista así? —pregunté mientras me acomodaba en mi silla, al otro lado del escritorio.
—Pues si no existe, seguro que si la hicieran tú la encabe