El silencio que siguió a la última pregunta de Helena no fue un silencio normal. Fue un silencio que cortaba. Que pesaba. Que dolía.
Valeria bajó la mirada hacia el móvil, hacia esas tres fotos que aún tenía abiertas, como si la pantalla estuviera hecha de cuchillas. Sus labios temblaban, pero no lloraba. Todavía no. Era ese tipo de shock en el que el cuerpo simplemente se queda suspendido entre el colapso y la negación.
Helena no apartó la vista de ella.
—Valeria —repitió con calma peligros