Valeria había permanecido días enteros detrás de la misma puerta blanca del cuarto de invitados. Días sin mirar a Leonard. Días sin dirigirle una palabra a Helena. Días sin permitir que nadie más que Martha cruzara el umbral con comida que casi no tocaba.
La mansión Blake era enorme, silenciosa, elegante, y aun así… se sentía pequeña, asfixiante, como si cada pared hubiera aprendido su respiración y la imitara para recordarle que no estaba bien.
Las primeras veinticuatro horas no lloró. Las s