Mundo de ficçãoIniciar sessãoCatalina no se resistió.
No dio órdenes ni buscó una salida que sabía inexistente. Cuando los agentes se acercaron, apartó con cuidado las manos de Silvia de su abrigo, despacio, como si cada segundo ganado pudiera amortiguar lo que estaba a punto de ocurrir.
—Caty… —sollozó la niña, aferrándose de nuevo a el







