Estaba muy enfadado con las decisiones de su padre en el testamento. Aquellos no eran deseos, eran reglas que quería imponerle porque sabía que jamás habría elegido el camino de una vida de casado. Ni en sueños imaginó esas absurdas reglas que debía acatar si no quería perder el poder que tenía con la empresa.
Escalar el Everest, bucear el océano o recorrer a pie el Sahara eran opciones a las que accedería sin pensarlo y las efectuaría todas a la vez.
Resopló otra vez.
Estaba en total negación.