La mayoría de los presentes se quedaron tan en silencio como él ante la interrogante que todos tenían. ¿Cuál era el deseo que Giorgio De Lucca quería que su hijo cumpliera para tomar su legítimo lugar como CEO? ¿Por qué?
Se quedaron pensativos, intentando dar pistas o ideas sobre la última voluntad escrita del difunto director ejecutivo. ¿Qué más podría hacer que no haya hecho o creado hasta ese momento? Todos sabían que era capaz, muy estratega y un genio de los negocios. El imperio Golden Ear