Marcus caminó nervioso por las penumbras de las calles, decidido a tomar un poco de aire y alejarse de las multitudes que se agolpaban dentro y fuera del hotel donde se celebraba la gala benéfica.
Se detuvo en una esquina para encender un cigarro. Se pasó la mano por el pelo, pensando qué excusa exponer o cómo enfrentarse a su acreedor de manera más diplomática, sin recibir un pedazo de plomo en la pierna o en el corazón.
«¡Maldición! ¡Estúpida mujerzuela! ¡Esa Allie, me las pagará! ¡Estúpida y