Las dos jóvenes asistentes la ayudaron a entrar en su vestido blanco elegido, cuidando de no estropear el maquillaje ni el peinado que tanto tiempo les había llevado. Una vez dentro, cerraron los tres pares de botones y procedieron a agacharse para colocarle los zapatos de tacón con suma ceremonia. Cuando estuvo lista, sus tres amigos procedieron a sorprenderla con la entrega de elementos típicos de las bodas.
—Yo traje este broche de brillantes viejo. No es de diamantes como te lo daría tu fut