El calor siguió gobernando su cuerpo durante largos minutos, como si se hubiera instalado bajo su piel y se negara a marcharse.
Kelly intentó distraerse, caminar, beber agua, incluso abrir una ventana, pero nada surtió efecto. Finalmente, decidió darse una ducha en una de las habitaciones cercanas a donde se alojaba su hermano. No usaría el aposento principal bajo ningún concepto, a menos que fuera literalmente arrastrada hasta allí, y sabía que, con Valentino fuera de la mansión, nadie más se atrevería a una acción tan bruta, tan desmedida, como la que él sí era capaz de ejecutar sin remordimiento alguno.
El agua tibia cayó sobre su cuerpo, arrastrando consigo una parte del temblor que aún la recorría, aunque no lograba borrar del todo la sensación de haber sido tocada, observada, deseada con una intensidad que la descolocaba. Al día siguiente, según Valentino, la esperaban muchas cosas por hacer antes del dichoso casamiento falso. La sola mención de esa palabra le provocaba una mez