L. B (50 B)
Al llegar, bajaron del coche y la joven vio el enorme edificio donde se encontraban. Se preocupó enormemente. Conocía aquel hospital: era uno de los más reconocidos por su eficiencia, prestigio y múltiples premiaciones en todo el estado.
—No puedo pagar su ingreso —comunicó con voz temblorosa.
—No te preocupes por eso ahora. Me conocen, vamos —la instó, llevando al pequeño en brazos con pasos rápidos que dejaron atrás a los demás.
Allí llamó a uno de los médicos, quien los recibió de inmediato.