—Macarena, pero es que…
—Por favor, Doña Marta. No quiero saber nada relacionado con Jeremías Fuenmayor. No puedo perdonarle sus mentiras.
Arquímedes la observó de reojo, sin decir una palabra, mientras el coche avanzaba.
—Está bien. Si así lo has decidido, no puedo hacer nada para que cambies de opinión.
A pesar de que Doña Marta había intentado contarle la verdad, Macarena no quiso escucharla.
—Espero que no tengas que arrepentirte muchacha. —suspiró—. No siempre tenemos suerte de encontra