Macarena se sentó en el borde de la cama. Lentamente soltó el nudo de la bata de seda y luego con un movimiento sutil y muy sensual descubrió sus hombros, primero uno y luego el otro, hasta dejar su espalda semi descubierta.
Jeremías siguió con su mirada cada uno de sus delicados y sutiles movimientos. Suspiró hondo al ver que ella se desprendía por completo de su bata y quedaba sólo en ropa íntima.
Su cuerpo comenzó a reaccionar sin poder evitarlo. Deseaba besarla, acariciarla y hacerle el