Estuvieron así, abrazados por unos segundos hasta el momento en que el hombre inconsciente, tirado en el piso, comenzó a levantarse. Aunque Jeremías estaba dispuesto a enfrentarlo, Macarena le pidió que se fueran. Sabía que no estaba solo y que pronto los otros dos chicos vendrían a su rescate.
—Vamos, por favor, vamos —suplicó ella.
Jeremías le tomó de la mano y con paso apresurado caminaron hacia la calle. En ese momento, vieron una patrulla policial acercándose al lugar, seguramente alguie