—¡Hermano, repúdiala! Samyra es una traidora!
La voz de Nassira rompió el silencio del salón como un látigo.
Samyra se quedó inmóvil por un segundo, pero no bajó la mirada. Lentamente giró el rostro hacia su cuñada, con el ceño fruncido y una calma peligrosa que no solía tener antes.
Ya no era la misma mujer que dudaba de todo. Ahora observaba. Analizaba.
—Ella estaba con otro hombre.
Nassira quitó el teléfono de Omar y mostró las fotos.
—¿Qué dices, cuñada? —preguntó Samyra con una voz firme—.