Samyra salió de la mansión con paso firme, aunque por dentro el silencio de la conversación con la abuela todavía le pesaba más de lo que quería admitir.
El camino hacia su villa no era largo.
Lo suficiente para que la mente tuviera espacio de sobra para volver una y otra vez a las mismas palabras, a las mismas miradas, a los mismos silencios cargados de significado.
Intentó no pensar. No funcionó.
Fue entonces cuando la vio.
Nassira estaba de pie, a unos metros del sendero principal. No parecía