Samyra cruzó el portón de la mansión de los abuelos con el mismo paso sereno con el que enfrentaba cualquier lugar donde no era bienvenida del todo.
El aire dentro de la propiedad era distinto. Más denso. Más antiguo. Como si cada pared hubiera aprendido a observar sin hablar.
Apenas avanzó unos metros, sintió la mirada de Nassira.
Estaba allí, a un lado del corredor.
No era una mirada abierta ni desafiante como antes. Era más baja, más contenida… pero cargada de algo que no terminaba de definir