Samyra retrocedió apenas un paso, rompiendo el beso como si ese contacto le hubiera quemado la piel.
El aire entre ambos se volvió inmediato, frío, demasiado consciente.
Su corazón latía con fuerza, desordenado, como si no supiera en qué dirección debía seguir.
Durante un instante fugaz, había sentido algo que no quería admitir en voz alta: ese beso se parecía demasiado a lo que alguna vez soñó.
A lo que alguna vez esperó de él.
Pero ese pensamiento solo le provocó dolor. Porque ahora ya no era