Omar llegó a la villa completamente fuera de sí.
No se detuvo a pensar. Entró con la respiración agitada, como si cada segundo perdido pudiera significar que ya era demasiado tarde.
La idea de no encontrar a Samyra dentro de la casa lo golpeaba con una ansiedad que nunca había experimentado.
No era solo miedo. Era algo más profundo.
Algo que le apretaba el pecho con una violencia desconocida. Perderla.
Esa palabra, que siempre había sonado lejana, ahora era real.
Subió las escaleras de dos en do