—¡¿Qué significa esto?!
La voz de Omar Al-Sabah estalló en el pasillo del estacionamiento del hotel con una mezcla de rabia y desesperación contenida.
Su rostro estaba tenso, los ojos encendidos, y por primera vez en mucho tiempo no había control en su voz.
Extendió los documentos hacia Fadia como si el papel pudiera desmentir lo que acababa de leer.
—Usted no puede seguir con este caso —dijo con dureza—. ¿No sabe quién soy? ¡Soy Omar Al-Sabah!
La mujer no retrocedió. No se intimidó. Ni siquiera