Omar condujo a una velocidad imprudente por las calles de Dubái.
Las luces de la ciudad se convertían en manchas borrosas a través del parabrisas, pero él apenas las veía.
En algunos tramos violó señales de tránsito, cruzó intersecciones sin pensar y aceleró como si pudiera alcanzar algo que ya se le escapaba entre los dedos.
Nada de eso importaba. Solo había una idea en su mente.
Samyra. Su única certeza. Su único lugar de regreso. Su única posibilidad de redención.
Sus manos apretaban el volan