—¿Embarazada?
La palabra cayó en el silencio como una sentencia imposible de ignorar.
El rostro del hombre cambió de inmediato. Su respiración se detuvo un segundo, como si el mundo entero hubiera perdido estabilidad. Luego, algo dentro de él se quebró de una forma extraña: no fue solo dolor, fue alivio mezclado con incredulidad.
Sus ojos se humedecieron sin que pudiera evitarlo.
Y entonces, sin control, comenzó a reír.
Una risa corta, rota, casi desesperada, mientras las lágrimas empezaban a d