Al día siguiente, desde muy temprano, el palacio Al-Sabah estaba lleno de movimiento.
Murad apenas había podido dormir.
La emoción de presentar oficialmente a Hasret ante sus padres y pedir su mano no lo había dejado descansar.
Revisó varias veces su reloj mientras esperaba que todo estuviera listo.
Omar y Samyra aparecieron poco después.
Ambos vestían con la elegancia propia de la familia real, pero también llevaban una expresión serena.
Aquella visita era importante. Iban a conocer a la mujer